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Relatos
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08/08/2013
Inesperada Paternidad
Inesperada Paternidad Allí estaba, de pie apoyado en el marco de la puerta, observando a la niña mientras dormía profundamente. En la habitación solo entraba la tenue luz del cuarto de baño que se encontraba enfrente, era suficiente para poder ver a la pequeña sin despertarla.

Se sentía extraño ante su inesperada paternidad. Su hija ya tenía cuatro años pero solo hacía días que sabía de su existencia. Su madre, fallecida recientemente por una enfermedad no diagnosticada a tiempo, le había ocultado el secreto sin entender muy bien el motivo. Optó por ser madre soltera y criar sola a la niña, tal vez para evitar que se sintiera obligado a comprometerse por culpa de un embarazo no deseado, y por ser conocedora de lo que le costaba el compromiso.

Aún así, no le podía perdonar el haberlo dejado al margen, haciéndole creer que el motivo de su distanciamiento había sido un simple desenamoramiento por parte de ella.

Pero ya no había nada que pudiera hacer al respecto, ni siquiera pudo verla antes de morir. Ella, sabedora de su pronto final, había dispuesto todo para que la niña fuera entregada a su padre, una vez dejara de existir.

Él intentaba mostrarse seguro y tranquilo ante la niña, pero sus miedos y dudas lo inquietaban por dentro. ¿Sabría ser buen padre? ¿Sería capaz de darle un hogar adecuado a aquella frágil niña? Mientras se hacía estas preguntas, la pequeña se agitó y llamó a su madre en sueños, él hizo un esfuerzo por no derrumbarse ante tal escena, debía mantener la compostura siempre ante ella, aún cuando creyera que no era consciente.

Se acercó a la cama y se agachó para quedar a su altura, acarició suavemente la cabeza de la pequeña ante lo cual ella esbozó una tenue sonrisa, volviendo a la paz del sueño que poseía un instante antes. Acomodó la manta que la cubría parcialmente, arropándola para evitarle el frío de aquella invernal noche. Se incorporó y buscó, en la parcial oscuridad, el sillón de aquel cuarto de invitados que poseía el piso de soltero donde vivía hacía ya casi dos años.

Allí sentado permaneció gran parte de la noche, velando los sueños de su pequeña hija mientras buscaba las fuerzas necesarias para afrontar su nueva responsabilidad.

Se encontraba abstraído, pensando en todo lo que debía cambiar en su vida para adaptarse a la nueva situación, cuando la vibración de su móvil en el bolsillo lo sobresaltó. A esas horas de la noche solo podía ser un mensaje de la única persona que estaría despierta y pensando en él, la chica con la que salía hacía ya mucho tiempo, tanto que ni él sabía como lo seguía esperando, paciente y siempre dispuesta a acudir a su lado cuando él la necesitaba.

Qué injusto era, comprendió en ese momento, no podría ser buen padre si no era capaz de comprometerse con una mujer que lo quería tanto, pero tampoco sería justo acudir a ella por el miedo a afrontar la paternidad en solitario. Que complicado es todo, se dijo así mismo mientras se incorporaba y abandonaba la habitación, momentáneamente, al tiempo que marcaba el número de aquella chica.
 
 
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