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11/03/2015
Tratado como adulto
 
Una de las batallas a la que debemos enfrentarnos, las personas que tenemos dificultades para expresarnos de forma fluida a través del habla, es lograr ser tratados acorde a la edad e intelecto que poseemos.

He vivido situaciones verdaderamente absurdas que, me las puedo tomar con humor, pero no dejo de pensar en lo frustrante que es verse ante ellas, después de años de formación académica y experiencia adquirida.

Puedo recordar una de estas situaciones, la cual suelo contar muchas veces por ser un claro ejemplo de prejuicio erróneo, casi siempre intentando actuar de buena fe, pero desde la más absoluta ignorancia. El caso fue que en la vuelta de un viaje a la península, que realicé hace unos años, tras una escala, una azafata tuvo la ocurrencia de regalarme unos cuadernos de los que dan a los niños en el avión para que se entretengan. Mi reacción fue echarme a reír ante tal acción ya que a un adulto, de treinta y tantos, lo último que se te ocurre es que necesita entretenerse pintando dibujos infantiles, a no ser que presupongas que su discapacidad lo prive de las cualidades intelectuales de un adulto, por lo que no debe ser tratado como tal. Mucho presuponer a mi entender.

Hablando sobre este tema con algunos compañeros de batalla, me doy cuenta que es algo muy frecuente en nuestros días, y resulta agotador tener que estar constantemente demostrando nuestro nivel intelectual para ser tratados como adultos, cuando debería bastar los evidentes signos físicos que el tiempo nos va dejando.

Ante una situación así, cuando se desconoce las características psíquicas de una persona, aun cuando los signos de estas parezcan evidentes, la prudencia y el respeto deben ser unas pautas a seguir en el trato, al menos en las primeras interacciones.

Tal vez no sea culpa de la azafata, ya que solo trataba de atender a un pasajero lo mejor posible, ni culpa de otros/as muchos/as que cometen errores similares. Quizás podríamos culparnos de forma colectiva por no intentar ir más allá de lo superficial, y ver así que detrás de un cuerpo que funciona mal, puede haber una mente adulta, formada y merecedora del respeto que daríamos a cualquiera.

Recordemos que una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo es la de Stephen Hawking, ¿alguien le regalaría cuadernos de pintar? Si pudiera usarlos, me da que sí.
 
 
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