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12/03/2017
Estafadores sin Escrúpulos
 

Recientemente se están conociendo casos de supuestas estafas, donde una enfermedad o discapacidad (que no es lo mismo) es utilizada como reclamo para obtener donativos con la excusa de subvencionar tratamientos, y luego usar estos fondos para fines mucho más banales.

Estas prácticas son claros ejemplos de la picaresca de la que hacen gala los estafadores, dando muestra de una total falta de principios éticos. Pero desgraciadamente no es nada nuevo, recuerdo muchos otros casos similares, acontecidos en el pasado, aunque a menor escala, pero con el mismo procedimiento. Quizás ahora se han convertido en casos mediáticos porque han sido campañas con una gran difusión, donde medios y personas con cierta repercusión, han participado dando voz a estos estafadores sin ser conscientes de ello.

Es justamente esto, el haber tenido tanta repercusión, lo que está causando más daño. Y es que en estas estafas se están viendo afectadas muchas personas, no solo las víctimas directas del engaño, que han creído en la causa y decidieron colaborar en la medida de sus posibilidades, ni tampoco los que han puesto su imagen al servicio de estas campañas y ahora se ven cuestionados de cara al público. Aquí los mayores afectados son los que de verdad necesitan ayuda, los que piden porque realmente lo necesitan, y que ahora tienen la etiqueta de la duda pegada a la frente, por culpa de seres sin escrúpulos que han usado situaciones como la suya para financiarse una vida cómoda y con caprichos.

Y aparte de lo delictivo que tienen estos hechos, que deberán ser juzgados judicialmente, es inevitable sentir aprensión por personas que muestran tal grado de inhumanidad y carentes de todo remordimientos, y que pueden mirarse al espejo después de aprovecharse de la buena voluntad de muchas personas, a las que han engañado y, a su vez, torpedeado la confianza de la sociedad, reduciendo en gran medida las opciones de otras personas que realmente necesitan de esta solidaridad.

Pero todo esto me lleva a reflexionar un poco más allá, y pensar lo dañino que resulta permitir que la salud sea un negocio, dejando que sea el dinero el que imponga la distancia entre el sano y el enfermo. Si, puede ser que peque de demagogo o idealista, y me digan que las investigaciones y fabricación de medicamentos supone una inversión que, si no se rentabiliza, no habrían fondos privados y, sin estos, sería tremendamente complejo llevar a cabo este desarrollo médico, pero creo que hay límites que no deberíamos traspasar, y anteponer la rentabilidad financiera a la vida de una persona, es perder la poca humanidad que aún espero que nos quede.
 
 
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