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13/06/2017
Batallas Interminables
 
Son muchas las batallas que debemos librar a lo largo de nuestra vida. Ya sean grandes o pequeñas, afrontarlas es la única forma de permanecer en este mundo siendo quienes queremos ser, y manteniendo el rumbo que nos lleve hacia donde deseemos. No importa cuanto tardemos en llegar a ese destino, mientras estemos a gusto con el camino elegido.

Pero, aunque tratemos de evitarlo, a veces nos sentimos algo frustrados por tener que afrontar batallas interminables, que permanecen abiertas siempre, hagas lo que hagas, y si bien se logran muchas grandes victorias en ellas, al día siguiente te tocará volver a repetirla, porque este tipo de contienda nunca se dan por acabadas.

Y si lo analizo fríamente, con la lógica que me caracteriza, puedo lograr entender que intentar cambiar ciertas formas de pensar, o la visión de la sociedad en general, no es factible en un corto plazo de tiempo, sino que es un trabajo que llevará algunas generaciones realizarlo, y reconozco que se ha avanzado mucho en las casi 4 décadas que llevo de vida.

Aun así, con todo lo lógico que puede llegar a ser, muchas veces resulta agotador tener que estar demostrando las capacidades de uno, de forma continua. Tener que contar la trayectoria que llevo a cuestas, mi formación académica, experiencias profesionales, relaciones personales (de amistad, sentimentales y de cualquier otro índole), y todo por los prejuicios sociales que hacen asumir que, el hecho de tener una discapacidad física, más si es tan evidente como la mía, ya nos hace merecedores de la lástima y compasión de quienes se piensan superiores por poder caminar, hablar, o pasar por la calle sin que nadie note algo “extraño” en ellos.

Pues la pena y lástima se la pueden ir ahorrando, porque es lo último que siento al verme al espejo cada mañana, y eso que soy raro de ver ;) . Lo que si siento es orgullo por ser lo que soy, por haber logrado tantas metas que me he fijado, y las que faltan. Satisfacción por mis conocimientos y ser capaz de mantener una conversación sobre casi cualquier tema, y aportar opiniones coherentes y formadas. Tranquilidad por haber logrado ganarme la vida haciendo aquello que me gusta, y aportando a la sociedad como cualquier otra persona, sin verme abocado a depender de ayudas que, si bien son necesarias en muchas ocasiones, admitamos que en algunos casos actúan como estímulo para el conformismo y la autocompasión. Y felicidad, si, mucha felicidad, porque he sido querido y amado en varias ocasiones, y eso implica ser capaz de hacer sentir especial a alguien, venciendo el obstáculo que ofrece mi “carcasa”, logrando que conozcan mucho más que mi discapacidad, de mi persona.

Y es que resulta ofensivo, para cualquiera, escuchar por lo bajo, como si fuera sordo, la pena que sienten algunos/as al verme en mi situación, creyéndose hasta bondadosos y buenas personas por sentir ese sentimiento hacia mí, y expresarlo para darse golpes de pecho, dándoselas de caritativos. Pero en la realidad, lo único que logran es mostrar su gran ignorancia, sus arraigados prejuicios, y su tremenda imprudencia al atreverse a realizar tal comentario ante personas que realmente me conocen, y ante mi propia presencia (que por cierto, mi oído funciona a la perfección).

¿Sentir lástima? Lástima me dan los que ven dónde estoy y no se dan cuenta del por qué he llegado hasta aquí. Pena da ver que, en pleno siglo XXI, se sigue pensando como hace décadas, cuando tener una discapacidad te “condenaba” a estar apartado y sobreprotegido como si te fueras a romper, o te aislaban para que no fueras consciente de la “dura” realidad existente.

No señores/as, yo no puedo dar lástima. Todo aquel que se ha acercado a mí con esa mentalidad, se ha llevado un gran chasco al conocerme de verdad. Tengo parálisis cerebral, pero eso no me ha impedido ser un adulto, libre, formado, independiente en su forma de actuar y pensar, con control sobre su vida, y orgulloso de ser quien soy. Quizás dar cierta envidia sería un sentimiento más acertado, ¿o no? ;)


 
 
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Ana
14/06/2017
Yaco, tu texto está muy bien y se ve una clara aceptación de tu situación. Ciertamente, esas personas fastidian bastante porque expresan, sin que nadie se lo pida, sus sentimientos hacia uno y sus opiniones, pero es que sólo llegan a establecer comparaciones con otras personas que no tienes discapacidad, se fijan en lo que no puedes hacer o haces con dificultad, sin darse cuenta que la vida se puede vivir y disfrutar desde muchas situaciones, que el poder de adaptación de una persona es muy grande, que la mente es poderosa para crear un rico mundo interior del que ellos seguramente carecen, que hay personas felices con una severa discapacidad, validas y provechosas para la sociedad; que otras son incapaces de superarse, de amar, de disfrutar, sin que padezcan eso que bajo su punto de vista anclado en prejuicios les parece lastimero. Las personas que superan obstáculos son dignas de admiración, igual que las que llegan a sus metas, las que se esfuerzan por avanzar, las que se ganan la vida con su trabajo como tú. Esa gente que dice sentir lástima, hacen inferencias erróneas por su desconocimiento. De todas formas, es un sentimiento suyo, no tuyo, pero podrían guardárselo para ellos, aunque solo fuera por educación y no hacer sentir mal a la otra persona. También es de justicia decir que vivir sin discapacidad debe ser mucho más fácil, no cabe duda. Sin embargo, ¿serías quién eres y como eres? Pues lógicamente, no. Como se ve que no se han molestado en conocerte ;-)
Lorali
13/06/2017
Grande mi primo.
Quisera tener la mitad de tu cabeza,tan bien amueblada. Me encantaria fijarme retos como tu y lograrlo como lo haces.
No cambies nunca!!!
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