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Frase Aleatoria
No importa quién fue mi padre. Lo importante es quién recuerdo yo quién fuese
Anne Sexton
 
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27/10/2018
Sanadores
 
Curanderos, sanadores, chamanes … son solo algunos de los términos utilizados para referirse a personas que se atribuyen poderes, o conocimientos alternativos, para sanar enfermedades de forma natural y sin recurrir a los tratamientos convencionales.

En realidad, siempre han existido. Desde tiempos remotos, la figura del sanador estaba presente en toda comunidad; y era venerado por sus conocimientos y poderes místicos, adornados por ceremonias y vestimentas que contribuían a darles una visión carismática.

La evolución del conocimiento, y los avances en la medicina, fueron relegando estas prácticas a zonas rurales, donde era más sencillo mantener las creencias populares, sin tanta influencia moderna. Sin ir más lejos, en la década de los 80, llegué a visitar a uno de estos curanderos, por la influencia de personas de mi entorno que si creían. Y la popularidad de estos sanadores era tan elevada, que se llegaban a juntar decenas de personas esperando ser atendidas. Supongo que está demás decir que, en mi caso, fue una pérdida de tiempo.

Pero parece que se están reinventando en la actualidad, y vuelven a resurgir personajes quienes dicen poder curar decenas de males con una “poción” que hacen ellos mismos. También, otros dicen poder ayudarte a equilibrar tus energías, con sesiones por Skype, o con cristales que poseen poderes mágicos. Todo ello, claro está, a cambio de un “módico” precio.

Y no me sorprende tanto el hecho de que surjan este tipo de personas hoy en día. La picaresca siempre ha existido, y los estafadores no van a desaparecer. Lo preocupante, al menos para mí, es que en el siglo XXI, aún se pueda vender este tipo de argumentario, cuando disponemos de tantos medios para informarnos debidamente, y ser capaces de discernir entre verdad y ficción.

Soy consciente de la desesperación existente en determinadas situaciones, donde una enfermedad no puede ser tratada por los tratamientos convencionales, y es entendible que se caiga en la tentación de creer en alguien que te da un hilo de esperanza. Pero son muchos los casos en los que, el desconocimiento, e influencias religiosas, actúan como precursoras de caer en manos de estos estafadores sin escrúpulos.

Es uno de los motivos por los que le doy tanta importancia a la educación. Tener una formación adecuada, nos permite disponer de un pensamiento crítico y cuestionar todo lo que nos digan, buscando contrastar la información recibida con la que podamos obtener de otras fuentes, logrando desarrollar una opinión propia sin influencias ni manipulaciones externas.

Siempre habrá quien, al leer este texto, piense que nadie está a salvo de manipulaciones y que, profesores, comunidad científica, y gobiernos se unen para engañarnos. Esas mismas personas se atribuirán como poseedores de la verdad, y se empeñarán en convencernos de ello. Todo este planteamiento, por muy surrealista que nos parezca, es compartido por no pocos, dañando la credibilidad de profesionales que han dedicado su vida difundir conocimiento con rigor y veracidad.

Y está claro que somos libres para creer en lo que se desee, faltaría más. El peligro surge cuando tales creencias interfieren en la salud de las personas, y pone en riesgo su vida por confiar en remedios místicos, renunciando a los tratamientos que, como poco, le darían posibilidades de curación.

Por todo esto, al margen de las creencias de cada uno, veo necesario saber filtrar la información que nos llega, siendo precavidos e informarnos por nuestra cuenta antes de dar crédito a todo lo que nos intenten vender. Si se recomienda pedir una segunda opinión cuando acudimos a profesionales médicos, con más razón debemos dudar de personas que no tienen el debido respaldo para dedicarse a la medicina.
 
 
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